miércoles, 20 de enero de 2010

Otro cielo en París

Este blog nunca agarró ritmo, además de que me han dejado solo y abandonado en la aventura de hacerlo. La falta de inspiración me hace escribir de cosas que ya poco tienen que ver con Buenos Aires...

Cuando leí el cuento nunca imaginé que iba a tener la oportunidad de estar ahí, ni siquiera sabía si realmente existía. Mis máximas aspiraciones era conocer el pasaje Güemes. Mientras leía el cuento por primera vez, recuerdo haber buscado en la guía T donde quedaba, pero no apareció. También he caminado por el microcentro con los ojos atentos, para ver si me lo cruzaba; hasta que finalmente me enteré que más que un pasaje era una especie de galería y que ya no tiene nada que ver con lo que era.
El asunto es que estaba ahí, en frente mío, el cartel que decía Galería Viviane. No podría decir que se asemejaba a lo que tenía en mi imaginación, pero ahí estaba, concreta y real, intentando derrumbar toda las imágenes construidas en mi cabeza. Tarea difícil si las hay, las primeras imágenes que uno construye durante la lectura, dificilmente las podamos cambiar, sin importar que luego nos demos cuenta que poco tenían que ver con lo que imaginaba el escritor.
La entrada era angosta, con una puerta metálica y un cartel que decía que la misma se cerraba a las 12 de la noche. La galería daba la impresión de encerrarme, a pesar de un techo de mediana altura y un pasillo no tan angosto. Probablemente era por el estilo elegante cargado de detalles y arañas colgando desde el techo, con una semi oscuridad de zaguán en horario de la siesta. Tenía un aspecto avejentado en algunas partes, como los techos, mientras que prolijo y cuidado en otras. No se si fue casualidad, pero parecía un lugar no muy visitado, apenas habiendo algunos parisinos y oculto del mundo de los turistas. La galería tenía forma de T teniendo salidas en 3 de los lados de la cuadra. Por el lado izquierdo daba a la Biblioteca Nacional, y por la derecha al Passage des Panoramas, calle empedrada semi encerrada que daba a una especie de compuerta de piedra, donde todavía me imagino parada a Josiane en búsqueda de algún cliente solitario. De noche debiera ser un lugar oscurso y desolado, alumbrado por un tenue farol y la luna cuando se digna a asomarse.
Entré con ganas de ver todos los detalles, pero perdí el entusiasmo al notar tantas diferencias con lo que me imaginaba: una galería poco elegante, con negocios de baratijas, y fachadas colorinches, al estilo de las galerías porteñas. En cambio, me encontré con esas formas delicadas. De todas formas en algo coincidía, tenía el aspecto desolado y oculto que siempre me imaginé. En el medio del pasillo más largo había un café, el único negocio abierto, ya que era Domingo, y no muchas más cosas que me llamaron la atención. En el codo de la T había una librería vieja que me hubiera gustado entrar, pero lamentablemente estaba cerrada. Me gustaría haber intentado entederme con el librero, me lo imaginaba viejo, cuidando su rincón de París, su librería vieja donde seguramente se encontraban libros especiales. Habrá conocido a Cortazar? Sabría del cuento en que la galería Vivianne se fusionaba con el pasaje Güemes y sus respectivos Barrios? Yo perdí mi chance de averiguarlo...

En los costados de las 3 entradas había escaleras caracol que llevaban a departamentos que se encontraban en las esquinas de la Galería. Las entradas estaban descuidadas, con los empapelados de las paredes salidos y sucios. En el último piso, debía estar la bohardilla de Josiane. Ya había visto todo y sin embargo no creía estar en ese otro cielo. Ahí fue cuando caí, que había roto un pacto. Todo cuento y novela, los crea su autor, pero los terminamos cuando los leemos, más aún con escritores que te dan rienda suelta a eso, confundiendote con sus descripciones, llevándote de un lado a otro sin avisarte, mezclando personajes y realidades. Yo ya le había puestos mis prejuicios, mis colores, creado imágenes y sensaciones de ese otro cielo; pero no me conformé, quise realidad, y con ella rompí todo lo anterior, aunque esas imágenes resistan como un espejo hecho trizas que nos devuelve una imagen confusa y entrecortada. Podré escapar de la realidad cuando vuelva a leer ese cuento? O me cansaré de chocar y chocar contra las delicadas paredes de esa Galería que alguna vez vi?





Ya que estamos, mi parte favorita del cuento (Que linda forma de expresar la incertidumbre del "Que habrá sido si?"!!):
"Yo la dejaba hablar, mirando todo el tiempo hacia la mesa del fondo y diciéndome que al fin y al cabo hubiera sido tan natural que me acercara al sudamericano y le dijera un par de frases en español. Estuve a punto de hacerlo, y ahora no soy más que uno de los muchos que se preguntan por qué en algún momento no hicieron lo que habían pensado hacer. En cambio me quedé con la Rousse y Kikí, fumando una nueva pipa y pidiendo otra ronda de vino blanco; no me acuerdo bien de lo que sentí al renunciar a mi impulso, pero era algo como una veda, el sentimiento de que si la trasgredía iba a entrar en un territorio inseguro. Y sin embargo creo que hice mal, que estuve al borde de un acto que hubiera podido salvarme. Salvarme de qué, me pregunto. Pero precisamente de eso: salvarme de que hoy no pueda hacer otra cosa que preguntármelo, y que no haya otra respuesta que el humo del tabaco y esa vaga esperanza inútil que me sigue por las calles como un perro sarnoso." Cortázar, El Otro Cielo.